El cine europeo ha servido para recordar la marginación infantil

Segmento de un artículo publicado en la revista Comunicar, en el artículo Los sistemas educativos en la memoria heterodoxa del cine europeo. Comunicar 35; 53-60. 2010. Education in European Cinema and Society’s Exclusion of the Young. Comunicar 35; 53-60.

Uno de los mayores desafíos de la educación en todos los tiempos es la educación de niños en situación de marginalidad. En nuestros países civilizados, también en Europa, siguen apareciendo niños que, por su abandono, malos tratos, encarcelamiento o aislamiento, tienen todas las características de los niños salvajes, ya estudiados y clasificados por Linneo.

A partir de la película El pequeño salvaje, L’enfant sauvage, realizada en 1960 en Francia por François Truffaut, fotografiada por Néstor Almendros, entramos en la problemática educativa de la socialización, en momentos en que la discusión era muy viva en Europa. El mismo Truffaut fue un niño marginado, delincuente juvenil, huésped de instituciones correccionales y desertor del ejército francés, que se salvó por su afán lector y sus afición al cine, fue adoptado por el crítico André Bazin y Janine, su esposa, de los que recibió el afecto y cariño que le había faltado en su familia, y protección ante el sistema legal que lo perseguía.

El film se basa en los escritos del médico-pedagogo Jean Itard, que luchó para insertar a Víctor, un niño de unos doce años encontrado en los bosques de Aveyron en la sociedad francesa de comienzos del siglo XIX, consiguió ser su mentor y acreditar ante el reconocido psiquiatra Pinel, que Víctor podría llegar a ser civilizado e independiente. La figura de Víctor, en el filme de Truffaut, refleja exactamente la fascinación que los «salvajes» ejercen sobre los «civilizados» y plantea el debate sobre cómo educarlos.

Truffaut empleó para L’enfant sauvage técnicas procedentes de campos diversos, como la voz en off del documental o los cierres de iris del cine mudo, planteó con esta película la sustitución del Hombre Natural que defendían las tesis rousseaunianas por el Hombre Moral, forjado a partir de un largo proceso integrador y dotado de un sentido de la justicia incuestionable.

Se plantean en este film varios de los graves problemas sin solucionar de la pedagogía y de la investigación: ¿extraer a la persona de su entorno o dejarlo en su ambiente natural, el bosque?, ¿introducirlo a la fuerza en un ambiente hostil, la sociedad parisiense?, ¿internamiento o socialización en familia? (Itard, 1802), ¿anteposición de la investigación al individuo?, ¿instruir o educar?, ¿son innatos o adquiridos el comportamiento y las ideas que definen a los seres humanos?, ¿cuál es el efecto del contacto social durante los años de formación?, ¿se puede superar la carencia de su socialización en los primeros años?, ¿el retraso que manifiestan algunos niños es causa de patologías cerebrales o puede ser producido por un prolongado aislamiento?, ¿se puede instruir a las personas desde cualquier etapa de la vida o existen momentos biológicos determinantes para el aprendizaje?, ¿afectos o dureza para mejorar el aprendizaje?, ¿cómo se adquiere el sentido de los valores morales? (Itard, 1801). Muchos de estos interrogantes que presenta Truffaut en el film se los hacen quienes se dedican a la pedagogía.

En Les quatre cents coups (Francia, 1958), François Truffaut inicia un retrato de Francia desde los años 60, (en cuatro películas, de ella hasta L´amour en fuite, 1979) a través de las desventuras cotidianas de un niño de doce años, Antoine Doinel, encarnado por el actor Jean Pierre Léaud, desencantado del mundo de los adultos: su padre es un fracasado; a su madre, que intentó abortar porque era un hijo no deseado, la descubre con un amante; sus profesores tampoco se ocupan de él, los funcionarios de la justicia y psiquiatras sólo burocratizan su función. Tras hacer «novillos» en el colegio y efectuar un pequeño robo, será internado en un reformatorio, del que se escapará para ver el mar (François Truffaut, 1971). A lo largo de las cuatro películas podemos ver evolucionar al personaje: el niño desatendido, pasando por su noviazgo, matrimonio y divorcio final. Es un retablo en la que se refleja con actitud crítica una sociedad europea plagada de dobles raseros, de incapacidades y de mentiras.

François Truffaut, en 1976, denunció en La piel dura, L’Argent de Poche  la actitud de los adultos que no son capaces de percibir a los niños como personas: o son autoritarios o les ignoran; les inculcan el miedo y también la culpabilidad. En otras palabras, al haber perdido la inocencia y espontaneidad de los primeros años de vida, el adulto, a medida que endurece su corazón, hace blanda su piel; por el contrario, los niños tienen el corazón blando y la piel dura. (François Truffaut, 1976)

En el cine de Truffaut se contrastan las actitudes y los comportamientos que diferentes maestros, tutores o padres tienen con los niños y adolescentes, mientras en Les quatre cents coups  se presenta al profesor Richet (Jean-Francoise Stévenin) como agradable y dispuesto, flexible, se preocupa por sus alumnos, los conoce y aprecia, es a veces padre y a veces amigo, un ser humano cálido, que acompaña al alumno en algunos difíciles años de su vida, que contrasta con la maestra Petit (Chantal Mercier), maestra autoritaria e inflexible, a la que preocupa más la tarea y el contenido que los alumnos. En Le petit sauvage, chocan la actitud en ocasiones dura e inflexible del doctor Itard con el afecto maternal de Mme. Guérin.

En Europa se han filmado infinidad de películas sobre adolescentes o niños marginados, 7 Vírgenes, España, 2005, de Alberto Rodríguez sobre adolescentes que cumplen condena en un centro de reforma, una crítica a la respuesta social a tratamiento de adolescentes marginados.

Una denuncia a la sociedad que pone dificultades a un joven marginado con ilusiones de cambio es Felices dieciséis, Sweet Sixteen, dirigida por Ken Loach en 2002, en Reino Unido.

En Ratcatcher, 1999, Reino Unido y Francia, la directora Lynne Ramsay retrata el complicado mundo infantil en un suburbio de Glasgow, durante una huelga de trabajadores de la basura.

En Barrio, realizada en 1998 en España por Fernando León, tres adolescentes, se buscan la vida en las calles para intentar conseguir su gran sueño, salir del barrio y, como el protagonista de Les quatre cents coups, ver el mar.

En Clandestinos, realizada en España en 2007 por Antonio Hens, un joven que pasó la infancia y la adolescencia en reformatorios desde que fue abandonado cuando era niño, en una de sus huidas conoce a un terrorista de ETA que le inicia en actividades violentas.

 

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Acerca de Enrique Martínez-Salanova

Pedagogo y antropólogo, vicepresidente del Grupo Comunicar
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