11 de septiembre de 1973: un homenaje al pueblo chileno que sufrió el golpe militar

El Palacio de la Moneda mientras lo bombardeaban

Hoy mi homenaje es para el pueblo chileno, el que vivió en democracia tantos años, el que supo desde la izquierda iniciar la transformación del país… Ese pueblo que tanto me enseñó, al que debo mucho de lo que soy ahora.

Ese pueblo un día recibió un golpe mortal. Unos desaprensivos militares con el general Pinochet al mando, liquidaron su democracia, que lideraba el presidente Allende.

Ese día, el 11 de septiembre de 1973, a las 6 de la madrugada, veíamos desde unas dunas cómo desde el aeropuerto de Concepción, unos 600 kilómetros al sur de Santiago de Chile, aviones militares despegaban, volvían en una hora aproximadamente y despegaban de nuevo. Sabíamos que habían llegado el día anterior y nos temimos lo peor, pues ya los sables anunciaban desde hacía dos meses el golpe militar. Aquellos aviones eran los que bombardearon La Moneda, el palacio presidencial. Hacia las 8 de la mañana, las emisoras de radio comenzaron a emitir músicas militares, un poco después de las 9, logramos oír todavía, antes de que silenciaran la emisora, el último discurso de Allende…

Último discurso del presidente Allende

Ese día, supimos por rumores que Allende había muerto, se decía que suicidado, con honor, aunque muchos no lo creían. Lo que sí teníamos todos muy claro es que los militares se habían hecho con el poder.

Dos días después, el 13 de septiembre, me detuvieron y me llevaron, tras una monumental paliza y muchos discursos, a la Isla Quiriquina, campo de concentración frente a la bahía de Talcahuano… Pero esa es mi historia, de la que salí un mes más tarde rumbo a mi tierra… Tocado, pero vivo.

Más terrible fue la suerte del pueblo chileno, la indiscriminada represión, las torturas, violaciones, detenciones y asesinatos, para muchos el exilio… cuántos amigos y amigas fueron torturados, violados, asesinados… Otros pudieron escapar de miles de formas, muchos, tras años detenidos tuvieron que ir al exilio, y han vivido fuera de su patria durante años…

Chile sigue vivo. Lloré hace un tiempo, ante la estatua de Salvador Allende que hay al lado del palacio de la Moneda, como lloré cuando tras la muerte de Franco volví a una España en transición.

Estoy agradecido, mucho, a Chile, allí conocí a gente maravillosa que me enseñó a pensar, a ser y a sentir de forma muy diferente. También conocía a Ilda (llevamos ya décadas juntos), a Paulo Freire (maestro e inspirador) y a tantos otros…

Si alguien quiere leer el epitafio que hice a la muerte del dictador, aquí lo tiene.

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Acerca de Enrique Martínez-Salanova

Pedagogo y antropólogo, vicepresidente del Grupo Comunicar
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